Este capítulo me gustó mucho porque pone de manifiesto los sentimientos y espectativas por las que pasan las dos partes: el cliente y el consultor.
Hay una parte que me gustó mucho que habla de que el consultor debe atreverse a hacer las preguntas más problemáticas a sus clientes. Pienso que esto tiene que ver mucho con la congruencia y la honestidad, ya que si de verdad se tiene la intención de ayudar a las personas de una empresa, hay que contribuir a que encuentren el camino, a pesar de que nos volvamos vulnerables. Y qué facil es decir "hacernos vulnerables", pero qué dificil a la hora de hacerlo, hay que dejar atrás muchas cosas, romper esquemas...
Respecto a lo que comentas, coincido contigo en que el consultor debe ser capaz de atreverse a hacer "grandes preguntas" aunque éstas lleguen a ser un poco incómodas o difíciles algunas veces, para que de esta manera se promueva un autodescubrimiento y reflexión en el cliente.
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